Dentro de la racionalidad, me gusta pensar que todo es posible, ¿por qué no? ¿Acaso no es mejor alimentar el alma de ilusiones que de malas experiencias y sufrimiento innecesario? Muchas veces es difícil mantener una actitud positiva y optimista ante los varapalos de la vida, y yo reconozco que tenga una vida relativamente feliz, aunque uno de mis pensamientos más profundos y oscuros es que creo que soy terriblemente infeliz, aunque trato de no creerlo demasiado.
Me mantengo en esa dualidad tan propia del ser humano de salir adelante con lo bueno y dejar atrás lo malo. A veces es complicado dejar de tirar de lo malo porque es un peso sobre la conciencia fácilmente recriminable para uno mismo. Mi cabeza es de esas que no paran de dar vueltas (no como la niña de "El exorcista", pero vamos), y en cada una de las mil vueltas recoge cosas que no me gustaría volver a pisar y que sin embargo resbalo con ellas. Entonces me lleno del optimismo que pretendo sin poder soltar las cosas malas que me encuentro en mis paseos o carrerones mentales que me hago inconscientemente.
Es cuando ves que otros son capaces de ser felices, de saltar las barreras que nos imponemos, cunado te sintes herido en tu orgullo y piensas "si él puede, ¿por qué no yo?". Eso te recarga las pilas pero muchas veces te encuentras con el duro muro de la realidad, los tropezones, lo que en un momento de euforia optimista te veías capaz luego le vés mil y un errores que te obligan a pensar que no puedes.
La de cal y la de arena, somos tan complicados como simples. Pero todos somos diferentes. Yo al menos seguiré intentando saltar mis barreras.
Negarse a admirar es la marca de la bestia. (aforismo)


No me gusta decir "Tienes razón!" pero en estos momentos siento que más que tienes razón comparto tu punto de vista.
Siempre a nuestros ojos somos los más desgraciados del mundo, mientras que a ojos de los demás no es para tanto y así lo vemos también nosotros con nuestras cosas.
Cuando nos suceden cosas que nos marcan (acostuma a ser lo malo...) es muy difícil de dejarlo atrás, tanto como no se puede. Pero eso es precisamente lo que nos hace ser más fuerte, es eso lo que nos hace apreciar ese pequeño momento de felicidad.
Felicidad que palpamos con nuestros dedos porque nunca llegaremos a abrazarla para siempre...