Ahora mismo, encendiendo el ordenador dispuesto a escribir algo me he dado cuenta de lo extraño que resulta pensar el qué quiero escribir. Verdaderamente no lo sé. Realmente la pregunta, tal y como ha surgido en mi cabeza ha sido "¿realmente no tengo nada que decir? ¿estoy tan vacío de pensamientos verdaderamente interesantes?". Me encantaría poder contar la historia más interesante, sorprendente y apasionante del mundo, pero solo trato de reflejar lo que ronda mi cabeza en este momento, que no tiene por qué tener interés para nadie más que mi mismo y que sin embargo una extraña fuerza de desahogo me incita a escribirlo públicamente, sabiendo que el beneficio de ello es imperceptible, aunque yo tenga la creencia de que me pueda servir de algo.

Muchas veces me he quedado pensando, pensando y pensando para escribir algo interesante, lo cual me suele llevar o bien a escribir una mediocridad que odio hasta que decido borrarlo por completo, o por el contrario estar muchos minutos ante una pantalla en blanco, escribiendo tímidas frases que borro apresuradamente sin encontrar nada que a mi juicio merezca la pena dejar plasmado. En pocas palabras, perder el tiempo (aunque realmente el tiempo nunca se pierde, solo hay que saber utilizarlo en tu favor entendiendo que él, el tiempo, es absolutamente neutral, jamás jugará a tu favor ni en tu contra sino que siempre transcurrirá impasible a cualquier suceso. Solo cambia la percepción que tenemos de él según la situación, momento, lugar...).

En cualquiera de los dos casos no tengo nada. Por suerte existe una tercera posibilidad y es encontrar algo que me motive a seguir escribiendo y que una vez terminado más o menos sea de mi agrado. Será lo que se llama estar inspirado, cosa que ocurre con menos frecuencia de la que nos gustaría a todos (aplicando universalmente esta teoría absurda que perfectamente podría ser un aforismo... ¡increíble, encontré una relación entre el título del blog y lo que escribo!).

Últimamente pienso lo cargante que es hablar de uno mismo, creo que ya comenté (y sino lo hago ahora) lo que me cuesta admitir mis sentimientos más profundos, o lo hermético de mi personalidad y que tanto daño me hace por dentro, por eso explorarme y tratar de describirlo me cuesta más de lo que parece. Buena muestra de ello es este texto, que es mi yo más interno, más confuso, más endiabladamente caótico y divagante. Uno de mis problemas que más aborrezco y a la vez agradezco (curioso) es esa constante máquina de pensar que es mi cabeza, necesito tenerla siempre llena de cosas, la mayoría inútiles, pero siempre cargada de palabras, pensamientos, dudas que me planteo a mi mismo.

Os lo estais preguntando y os contesto ya: Si, a veces me odio. Aunque supongo que el tiempo enseña a convivir no solo con otras personas sino con uno mismo.

Las frases son piedrecillas que el escritor arroja en el alma del lector. El diámetro de las ondas concéntricas que desplazan depende de las dimensiones del estanque. (aforismo)